¿Alguna vez has sentido que tu cuerpo te está diciendo algo… pero no sabes muy bien qué? tal vez una tensión en el pecho, un cierre en el abdomen o esa sensación de: “no me apetece, pero tampoco sé por qué”.
O situaciones en las que tus genitales no responden como antes y aparece esa preocupación silenciosa: “¿me está pasando algo?”
En consulta, este tipo de dudas son muy frecuentes y, a menudo, vienen acompañadas de etiquetas que asustan: eyaculación precoz, dificultades de erección, falta de deseo…
Pero antes de ponerle un nombre clínico a lo que ocurre, hay algo importante que conviene entender: El cuerpo no falla. El cuerpo comunica.
Aunque pueda parecer complejo, el cuerpo funciona con una lógica bastante sencilla:
- Cuando algo le sienta bien → se expande
- Cuando algo no le encaja → se contrae
Esa contracción puede aparecer como:
- menor deseo
- dificultad en la respuesta
- desconexión
- o sensaciones físicas incómodas
Desde fuera puede parecer un problema. Pero desde dentro, suele ser una señal.
¿Por qué aparecen estas dificultades?
Muchas de las llamadas “disfunciones” no surgen de la nada. En la mayoría de los casos están relacionadas con:
- el estrés
- el cansancio
- la presión por rendir
- la autoobservación constante
- o la desconexión del propio cuerpo
Cuando una persona está más pendiente de “si responde” que de “lo que siente”,
el cuerpo entra en modo alerta.
Y un cuerpo en alerta no se abre.
Se protege.
El patrón más común detrás de las dificultades en la respuesta sexual: dejar de habitar el cuerpo.
Hay algo que se repite con mucha frecuencia. Muchas personas han aprendido a centrarse en:
- lo que debería ocurrir
- cómo debería funcionar su cuerpo
- o si están “a la altura”
Y en ese proceso, dejan de sentir. Y el cuerpo, cuando no es escuchado y sentido responde de la única forma que sabe: cerrándose.
Es completamente normal querer recuperar lo que “antes funcionaba”, pero aquí hay un matiz importante: No puedes cambiar lo que no estás escuchando
Forzar la respuesta suele generar más tensión.
Escucharla, en cambio, abre la puerta al cambio.
Un ejercicio para empezar a reconectar
La próxima vez que sientas que tu cuerpo no responde como te gustaría:
- Haz una pausa
- Lleva la atención a tu cuerpo
- Pregúntate:
- ¿Dónde noto la incomodidad?
- ¿Qué parte se tensa?
- Y después:
- Si esa parte pudiera hablar… ¿qué diría?
No necesitas una respuesta inmediata.
Solo empezar a crear ese espacio de escucha.
La intimidad empieza en el cuerpo
Cuando empiezas a escuchar tu cuerpo:
- disminuye la presión
- aumenta la conexión
- mejora la comunicación con la pareja
Porque hay algo esencial que solemos olvidar:
La intimidad no empieza en el encuentro con el otro.
Empieza en la relación contigo.
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Verónica Manrique
Sexóloga y terapeuta somática de Mi Jardín Secreto

